La Ley de Poe dice: Si no hay un guiño o alguna otra demostración obvia de intención humorística, es imposible crear una parodia de fundamentalismo que ALGUIEN no pueda tomar equivocadamente por fundamentalismo de verdad.
En otras palabras: los fanáticos (sea de una religión o de una ideología) suelen ser tan ridículamente exagerados y tan cómicos que a veces es imposible distinguir entre lo que dice uno de ellos y lo que dice alguien que los está parodiando y burlándose de ellos. Si lo hace bien, si no se ríe ni deja entrever que todo es una broma, la parodia pasa a ser una imitación convincente y hasta puede traer efectos indeseados. Es que los fundamentalistas de toda clase en realidad no piensan, sólo repiten como pueden las tonterías que han aprendido de memoria, y por lo tanto es muy fácil imitarlos si se conocen sus estructuras rígidas y los códigos que utilizan.
Escribo esto porque hace unos días me tocó "presenciar un Poe", como dicen los habitués de ciertos foros, a causa de la intervención de cierta persona en cierta lista de e-mail donde la mayoría no lo conocía previamente. Su parodia de un fundamentalista religioso intolerante fue tan bien construida que, antes de que alguien de los que sí lo conocemos pudiera decir algo, un montón de miembros de la lista pidieron que se lo controlara y hasta se envío una denuncia por discriminación al INADI. El asunto no pasó del ciberespacio, pero me imagino que podría haber empeorado.
Así que cuidado, porque cuando parodia a una persona que ya de sí es casi una parodia de ser humano (como el caso de los fundamentalistas religiosos) corre el riesgo de que alguien se los tome en serio y la diversión termine mal.
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sábado, 10 de enero de 2009
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