jueves, 22 de enero de 2009

Prohibido estacionar

Por fin rigen las nuevas normas de estacionamiento en el centro, aunque todavía es de mentiritas porque por un tiempo no se van a cobrar multas, y por supuesto con esta falta de rigor nadie hace caso. Saben que están en infracción, se excusan con el inspector, se van y a los 5 minutos vuelven a estacionar mal. "En Argentina nos entra todo con sangre, apenas empecemos a hacer funcionar las grúas, esto se va a terminar", dijo un funcionario.

Quien me conoce sabe que favorezco las leyes draconianas (si no saben lo que es draconiano, usen el diccionario, ¡ignorantes!). Personalmente yo despenalizaría los rayones con llaves a los autos mal estacionados, implementaría un carnet con puntos que sólo tuviera dos puntos, y permitiría a los policías de tránsito utilizar rifles de asalto y clavos miguelito en su labor de control. También pondría un limitador automático de velocidad en los autos (si es ilegal ir a más de 120 km/h, ¿por qué fabricamos autos que pueden ir a 240 km/h?). Y en cuanto al estacionamiento y la circulación, básicamente haría peatonal todo el microcentro rosarino menos dos calles para el transporte público. Ah, nadie escucha mis ideas.

viernes, 16 de enero de 2009

El cerebro es conformista

Acabo de leer vía el sitio de Richard Dawkins un artículo muy curioso publicado por la CNN, Why so many minds think alike ("Por qué tantas mentes piensan igual"), sobre los mecanismos de la conformidad social a través de la presión de los pares, es decir, por qué a veces no decimos nada cuando todos los que nos rodean están de acuerdo en algo que nosotros no aceptamos.

En un estudio se les pidió a un grupo de mujeres que calificaran en una escala la belleza de 222 rostros. Después se las entrevistó y a cada una se le dijo que su calificación estaba por encima o por debajo del promedio grupal (a algunas se les dijo que eran iguales). Después de una corta charla con el investigador, se les pidió a cada una que volviera a calificar los rostros. La mayoría cambiaron sus calificaciones acercándolas al promedio.

En otro estudio se tomaron imágenes del cerebro en funcionamiento mientras la persona miraba proyecciones de formas tridimensionales y decidía cuáles se parecían más a otras formas. En este caso, al contrario que en el otro estudio, había respuestas objetivas. La mayoría de la gente cambió de idea para acercarse a lo que opinaban otras personas. Hasta aquí nada raro. Pero lo impresionante fue que no se trataba de fingimiento..., la gente no pensó y maquinó "voy a decir lo mismo que opinan los demás". Observando la corteza visual (el lugar del cerebro donde se procesan e interpretan las imágenes) se constató que las percepciones de la gente cambiaron: vieron (no simularon ver sino que vieron) lo que los demás estaban diciendo ver. Sus cerebros ajustaron sus imágenes para que se parecieran a las del resto del grupo.

Cuando una persona mantiene una opinión diferente de la de los otros en un grupo, su cerebro produce una señal de error. Una zona del cerebro llamada popularmente "oops area" (en argentino diríamos "la zona ¡epa!") aumenta su actividad, mientras que la "zona de recompensas" se ralentiza, haciendo que pensemos que somos demasiado diferentes. De esta manera, "una desviación de la opinión del grupo es percibida por el cerebro como un castigo", dice un investigador. Otro agrega que "nuestros cerebros están exquisitamente sintonizados con lo que otras personas piensan de nosotros". La conformidad tiene razones evolutivas: ir en contra del grupo, para un animal gregario como el ser humano, no suele ser beneficioso.

Estos hallazgos no son académicos. En los juicios por jurado en Estados Unidos, como los que solemos ver en las series de TV, doce personas tienen que llegar a un veredicto en el que se puede decidir la vida de un ser humano. Hace tiempo que se sabe que este sistema no es justo ni democrático, justamente por el elemento de presión del grupo y la necesidad de llegar a un veredicto unánime.

Kirchner en Gualeguaychú

"Nunca estuvimos de acuerdo con los cortes", dijo ayer el presidente de facto Néstor Kirchner hablando de los interminables cortes de ruta a la altura de Gualeguaychú y del puente internacional que comunica esa ciudad de Entre Ríos con Fray Bentos, en Uruguay.

Verbalmente, literalmente, es verdad: nunca dijo "estoy de acuerdo con los cortes". Pero entonces ¿por qué el 5 de mayo de 2005 movilizó a gobernadores, intendentes del conurbano, secretarios, punteros políticos y miles de aplaudidores a sueldo al Corsódromo de Gualeguaychú para hablar contra las papeleras, y no dijo una palabra en contra de los cortes? ¿Será porque faltaban unos meses para las elecciones legislativas?

¿Por qué no reconoció el impresionante movimiento de base que representó la Asamblea Ambiental y, en vez de utilizarlos y desecharlos, no les dijo "Muchachos, esto ya es un problema, córranse del puente que nosotros nos vamos a encargar"? ¿Será porque no se había encargado dos años antes, al asumir, cuando ya los proyectos de ENCE y de Botnia ya estaban avanzados y la Asamblea ya había alertado abundantemente sobre el hecho?

¿Por qué Néstor Kirchner dejó que se arruinara la relación con Uruguay, país hermano con el cual nunca habíamos tenido un problema similar desde la época de Artigas? ¿Fue por oportunismo, por incapacidad, por obstinación, o por las tres cosas? ¿Por qué permitió que se le jodiera la vida a miles de turistas, viajeros frecuentes, y vecinos de ambos lados de la frontera? ¿Sirvió para algo? ¿Por qué, si no estaba de acuerdo con los cortes, no asumió el costo político de despejar la ruta y el puente? ¿Por qué no habló francamente con los asambleístas para decirles que su testarudez perjudicaba la causa, que ya había pasado a otras esferas? ¿Con qué argumentos un presidente fuerte, que en su momento fue abrumadoramente popular, puede justificar su inacción ante los cortes? Preguntas que uno se hace...

jueves, 15 de enero de 2009

Problemas circulatorios

Con las vacaciones acercándose y mi necesidad de huir en tiempo y forma de esta ciudad y país por una quincena haciéndose cada vez más urgente, me estoy empezando a preocupar porque, como de costumbre, en Argentina cualquier cosa puede salirte al paso y demorarte.

A este respecto las experiencias pasadas no me tranquilizan. En enero pasado un tronco caído en la ruta me demoró dos horas cerca de Venado Tuerto, y como consecuencia me comí seis horas de plantón en San Rafael (Mendoza) —los caminos de Satán son inescrutables— y perdí un casi todo un día de estadía en Malargüe. En abril un piquete de chacareros me tuvo 22 horas en la terminal de ómnibus de Villa María (Córdoba), por suerte al final y no al principio del viaje.

Ahora resulta que los empleados de Paraná Metal están cortando la autopista a Buenos Aires a la altura de Villa Constitución, y ya que están los chacareros locales están ayudando. Un idiota (porque eso es lo que era) trató de adelantar a otro vehículo en el Puente Rosario–Victoria y se dio de frente con un camión, haciendo que se cortara el tráfico por un rato. Y los ya descontrolados asambleístas ambientalistas de Gualeguaychú, Colón y Concordia planean cortar por sorpresa las rutas y los correspondientes puentes internacionales que cruzan el río Uruguay. Es decir que, contando piquetes de (futuros) desempleados, piquetes de ambientalistas, accidentes de tránsito y (por qué no) troncos caídos o similares, uno puede ver bloqueadas casi todas las principales vías que le permitirían ir desde Rosario, Santa Fe, Argentina, hacia el litoral uruguayo, que es precisamente donde voy a irme de vacaciones.

El hecho de que me preocupe tanto por estas eventualidades que, reconozcámoslo, serían posibles sólo en caso de una gran mala suerte, es signo claro de que necesito estas vacaciones... rápido.

lunes, 12 de enero de 2009

Battlestar Galactica, la mejor

Como él lo dijo mejor, dejo que lo diga él: mi hermano escribe en su blog, Las costas de Avalon, sobre por qué Battlestar Galactica* es la mejor serie de ciencia ficción de todos los tiempos. Cita además un artículo en TauZero en el mismo sentido.

* La nueva serie de televisión (que comenzó en 2004), no la que muchos veteranos vimos en repetición en los '80.


En Las costas… el argumento principal es que BSG no sólo tiene la perfección técnica, la cohesión argumental y las cualidades actorales que hace años prodigó Babylon 5, sino que finalmente rompió (como B5 no pudo del todo) con la trillada, trilladísima estética y estructuras de la space opera. En TauZero, como se puede deducir del título del artículo (Battlestar Galactica nos habla de nosotros mismos), se juzga que BSG es un éxito merecido porque se las arregla para hablar de nuestra realidad, de cosas con las que podemos identificarnos, aun cuando el escenario sea uno de naves espaciales y robots inteligentes.

Como ya está todo dicho allí, no agregaré nada excepto la obvia exhortación a todos los fans... de cualquier cosa que no sean las telenovelas, a que vean Battlestar Galactica, desde el principio, ahora.

sábado, 10 de enero de 2009

Ley de Poe

La Ley de Poe dice: Si no hay un guiño o alguna otra demostración obvia de intención humorística, es imposible crear una parodia de fundamentalismo que ALGUIEN no pueda tomar equivocadamente por fundamentalismo de verdad.

En otras palabras: los fanáticos (sea de una religión o de una ideología) suelen ser tan ridículamente exagerados y tan cómicos que a veces es imposible distinguir entre lo que dice uno de ellos y lo que dice alguien que los está parodiando y burlándose de ellos. Si lo hace bien, si no se ríe ni deja entrever que todo es una broma, la parodia pasa a ser una imitación convincente y hasta puede traer efectos indeseados. Es que los fundamentalistas de toda clase en realidad no piensan, sólo repiten como pueden las tonterías que han aprendido de memoria, y por lo tanto es muy fácil imitarlos si se conocen sus estructuras rígidas y los códigos que utilizan.

Escribo esto porque hace unos días me tocó "presenciar un Poe", como dicen los habitués de ciertos foros, a causa de la intervención de cierta persona en cierta lista de e-mail donde la mayoría no lo conocía previamente. Su parodia de un fundamentalista religioso intolerante fue tan bien construida que, antes de que alguien de los que sí lo conocemos pudiera decir algo, un montón de miembros de la lista pidieron que se lo controlara y hasta se envío una denuncia por discriminación al INADI. El asunto no pasó del ciberespacio, pero me imagino que podría haber empeorado.

Así que cuidado, porque cuando parodia a una persona que ya de sí es casi una parodia de ser humano (como el caso de los fundamentalistas religiosos) corre el riesgo de que alguien se los tome en serio y la diversión termine mal.

viernes, 9 de enero de 2009

Activismo y cartas de lectores

Como mis fans me lo piden, vuelvo a escribir. Feliz Año Nuevo, a pesar de que a nueve días del comienzo ya lo empiezo a sentir gastado a este 2009. Será que necesito vacaciones...

Resulta que en estos últimos tiempos (desde antes de las fiestas hasta ahora inclusive) he venido escribiendo más en Alerta Religión y haciendo ciber-activismo personal y de parte de la asociación de ateos ArgAtea (como dije en mi post navideño). A partir de que salí en La Capital (con foto) por adherirme a la iniciativa de apostasía colectiva de ArgAtea, además, el tráfico de Alerta aumentó, y aumentó mi interés por responder a quienes preguntan o protestan por este y otros temas. Me puse a contestar los comentarios que aparecieron en el diario, y hasta una carta de lectores de un tarado que afirmaba que en realidad no existen los ateos porque cuando estamos sufriendo o en trance de muerte todos volvemos a Dios, o algo así. Empecé a desparramar esto desde mi Facebook y con eso me cebé del todo.

En fin, que estuve ocupado como para hacer comentarios al pasar aquí. Pero voy a intentar repartir un poco. Dentro de veinte días me voy de vacaciones y por dos semanas tengo que quitarme todo tipo de ideas fijas, y eso incluye escribir frecuente y fervientemente sobre temas que me indignan o me apasionan. Está bueno pero cansa. Hace un par de días que tengo insomnio la hora de la siesta... y eso es terrorífico.