viernes, 27 de marzo de 2009

Uruguay 2009, parte 16: Final final

Voy a resumir rápidamente nuestro último día de vacaciones, porque ya esto se ha hecho larguísimo y hace más de un mes que volvimos y la realidad me pasa por delante...

Como expliqué antes, la combinación Paysandú-Colón-Rosario no tenía horarios convenientes. En forma sorprendente para dos ciudades fronterizas, una de las cuales es la segunda de su país, no hay colectivos frecuentes; será que la gente que se mueve con frecuencia entre ambas no es mucha y/o lo hace en automóvil.

No siendo ése nuestro caso, tuvimos que levantarnos tempranito y marchar a pie con nuestras mochilas hasta la terminal de Paysandú. El colectivo salió a tiempo, pero al llegar al puente internacional tuvimos que esperar más de media hora para que un gendarme o algo así nos observara y contara atentamente, y para que los empleados de migraciones y aduana chequearan nuestros documentos de identidad.

La comparación con la burocracia más detallada pero también más eficiente entre Buenos Aires y Colonia, no pude menos que llegar a la conclusión de que todo depende en última instancia del dinero que uno esté dispuesto a pagar: si viajás en el Buquebús te atienden empleados de camisa y corbata que te sonríen y facilitan la cosa para que no se retrase nada; si viajás en colectivo, tu tiempo no vale nada y los empleados de aduana dispondrán de él como les parezca.

Llegamos finalmente a Colón y por supuesto el ómnibus a Rosario había salido hacía veinte minutos. Eran las 9:30 y tendríamos que esperar al próximo... que salía a las dos y algo de la tarde. La pesadilla de la espera en Valle Edén asomaba de nuevo la cabeza, pero al final no fue para tanto: la terminal de Colón era comparativamente fresca, había baños, un bar-comedor y bancos para sentarse. Lánguidamente dejamos pasar las horas, y no estábamos muy hartos cuando finalmente llegó nuestro transporte.

Cruzamos Entre Ríos de este a oeste, panorama aburrido si los hay, hasta Victoria. Seiscientos metros de río sobre el puente, y llegamos a Rosario, unas cinco horas después de salir de Colón, y casi diez después de abandonar Paysandú. Todavía era de día. Mi madre y mi hermano habían venido a recibirnos. Como si quisiéramos olvidar que era el fin de nuestras vacaciones, nos despedimos rápido, rápido, y salimos cada uno para su lado.

Y aquí termina la historia de nuestras peripecias uruguayas.

2 comentarios:

  1. Muy bien, Pablo, muy interesante.

    ¿No te animás a hacer un último post con una especie de reflexión o resumen de tus impresiones sobre el Uruguay? Algo sobre las diferencias entre los preconceptos e imágenes colectivas que tenías antes y la realidad. Las cosas que te sorprendieron porque no imaginabas que furan así...

    ¡Abrazo!

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  2. Polifemus - Descanso unos días y me largo...

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