lunes, 16 de febrero de 2009

Uruguay 2009, parte 3: Montevideo y la primera impresión

Llegamos a Montevideo pasado el mediodía. La ciudad me pareció grande, expansiva, con suburbios que surgen de a poco. No hay grandes autopistas ni puentes unos sobre otros. Montevideo (con su área metropolitana) tiene 1.800.000 habitantes, la mitad de la población total de Uruguay, casi el doble de Rosario, dos tercios de la Ciudad de Buenos Aires, pero no me pareció densa ni enrevesada.

Después de un buen rato de avenidas y más avenidas el ómnibus llegó a un edificio de ladrillo visto, dio un par de vueltitas y se metió. La Terminal Tres Cruces es comparativamente pequeña y el paso fue fácil. Después de la bastante desordenada terminal Mariano Moreno de Rosario y de la horriblemente sucia terminal de Retiro, Tres Cruces me pareció asombrosamente sencilla y limpia. No había ni un papel ni una bolsita plástica en el suelo, ni una mancha de aceite en las plataformas. Tampoco había maleteros exigiendo monedas, y casi apostaría que los taxis que esperaban a la salida no pertenecían a una mafia. De hecho, Tres Cruces es un shopping, y como tal, los negocios que funcionan dentro tienen interés en que todo se vea y funcione bien para el cliente.

Cruzamos una calle, preguntamos por ahí, y finalmente nos tomamos un colectivo urbano que nos llevó a la Ciudad Vieja, donde ayudados por un plano que habíamos recibido en la Oficina de Turismo llegamos con relativa facilidad a nuestro hostel.

Lo que vi de Montevideo en los tres días y medio que estuve allí es casi suficiente para perdonarles a los uruguayos que no puedan hacer un helado decente. Dirán algunos que sólo vi el centro y las partes más turísticas de la ciudad, pero en algún punto hay que reconocer cuándo esa excusa ya no vale. Montevideo es infinitamente más limpia que Rosario o Buenos Aires. En todo el tiempo que allí estuve, pateando largamente la Ciudad Vieja, el Centro, la zona portuaria, el barrio del Prado y un par de playas, no vi una sola cagada de perro en una vereda, ni un solo basural, ni un solo contenedor de basura desbordado. Tampoco vi gente arrojando papeles o botellas plásticas al piso, ni perros de fino pedigree defecando en el espacio público ante la mirada impávida (o la incitación) de sus amos.

El tránsito también merece una mención. Para empezar, los automovilistas montevideanos no parecen locos al volante. No muestran la histeria argentina típica a flor de piel por ser los primeros en llegar. En Argentina, cuando uno cruza una calle, sabe que está arriesgando la vida. En Uruguay los automovilistas saben que entre un auto y un peatón es el peatón el que lleva las de perder, y frenan para que uno pase, o por lo menos no demuestran clara intención de atropellarlo a uno. Aquí uno puede percibir claramente que el conductor está sopesando el asesinato con la cárcel y sólo pasa del primero para evitar la segunda.

Otra cosa es el transporte público. En los colectivos montevideanos uno sube, paga a un guarda, y se queda tranquilo hasta el fin del viaje. El colectivo está limpio, el guarda siempre tiene cambio, y nunca nadie pone reggaetón o cumbia villera en el celular. Sobre todo, uno no siente esa clara sensación de que en cualquier segundo uno va a ser insultado o asaltado por algún pasajero, o de que el chofer está listo para matar si alguien le toca bocina.

De los taxis no puedo hablar porque en verdad no nos hicieron falta. Viajamos y viajamos en colectivo, y sólo una vez, tarde por la noche, pensamos en la posibilidad de tomar un taxi. Resultó que simplemente estábamos esperando en un mal lugar. Además, en Montevideo no existe la ficción oficial de que los colectivos funcionan como deben en horario nocturno. Cuando llega la medianoche es empresa imposible conseguir uno, y todos lo reconocen.

Hace falta una temporada fuera de la gran ciudad, en Argentina o donde sea, para notar la terrible carga de agresividad apenas reprimida que acumulamos aquí, y que en Uruguay no vi. Repito que esta es mi experiencia personal, parcial y limitada, pero el contraste fue tan claro y tan impactante que no puedo sino remarcarlo. Y estoy hablando de Uruguay, que es casi una provincia argentina perdida. No son suizos ni japoneses ni vienen de otro planeta donde la gente es "mejor"; es evidente que somos nosotros, los argentinos, los que estamos haciendo algo mal.

Por otra parte, y esto debe tener mucho que ver, en Uruguay no vi la pobreza espantosa ni la ostentación obscena de riqueza que se ven lado a lado en Argentina. Algún niño me pidió una moneda, y muchas personas digna pero pobremente vestidas caminaban por el centro de Montevideo. Seguro que existen pobres en Uruguay, y seguro que alguien me dirá que prefiere pobres insolentemente visibles como en Argentina, antes que pobres invisibles o invisibilizados por la sociedad como supuestamente habría en Uruguay. Lo que yo sé es que no se puede esconder toda la pobreza, y que en Montevideo no me asqueó ver ejércitos de niños sucios, abandonados en la calle por sus padres, pidiendo monedas o limpiando parabrisas de camionetas 4x4 en calles demasiado angostas, ni tampoco me tocó presenciar madres con bebés desnutridos, embrutecidas hasta el punto de sólo saber mendigar un poco más, sentadas en cada rincón disponible del centro frente a tiendas repletas de ropas lujosas o electrodomésticos importados.

Todo lo anterior podría titularse "las comparaciones son odiosas", y la verdad es que pueden serlo, y hasta creo que más de un argentino con intelecto inferior al promedio estará pensando que si tanto me gusta Uruguay, por qué no me voy a vivir allí; y la respuesta es que no me molestaría hacerlo y probablemente fuera mejor para mi salud mental, pero razones prácticas y sentimentales me lo impiden.

Y como este post fue odioso pero necesario para mí, he volcado en él todo lo que pude, hasta lo último que me salió. Un país o una ciudad no se conocen en un par de semanas de vacaciones, pero si es verdad que la primera impresión es la que cuenta, entonces no puedo decir casi nada malo de Montevideo y de Uruguay en general. La comparación inevitablemente deja mal parada a Argentina. Qué le vamos a hacer...

Inicialmente iba a escribir sobre el carnaval de Montevideo, que fue una de las primeras buenas experiencias del viaje, pero tuve que decir todo lo anterior. El próximo post, lo prometo, será más alegre que éste.

Continuará...

6 comentarios:

  1. genial la descripciòn de montevideo.
    no hay mucho ruido en las calles y los que andan en moto to-dos usan casco.
    otra cosa que me gustò, es que no hay demasiados coches carisimos o 4x4, como tiene que ser en un pais pobre del culo del mundo, como tambien somos nosotros.

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  2. Hola, mi nombre es Roberto Icazuriaga, uruguayo, 65 años, radicado hace 7 años en España.
    Agradezco los comentarios que haces de mi país.
    Seguramente en 7 años las cosas han cambiado mucho o tú vistes solo una tercera parte de la ciudad.
    Sabes? es curioso, si me dijeran que eres un uruguayo paseando en Argentina me habría cuadrado tu imagen.
    Seguramente tanto unos como otros somos muy detractores de lo nuestro.
    Yo que vivo en un país increíble y europeo también tengo esa visión un tanto patética de nuestros países, pero deberíamos (al menos yo lo intento) valorar los recursos que tenemos para lograrlo.
    Tú hablas de la limpieza: madre mía!! no has visto los basurales que hay a muy pocas cuadras del prado (salvo ya te digo que las cosas hayan cambiado radicalmente).
    En fin no quiero aburrirte con mi cháchara...
    Solo agradecerte que hayas visto mi paisito con tan buenos ojos.
    Ojala yo algún día puede volver para comprobar esos cambios.
    Te mando un abrazo y sobre todo perdona mi ortografía calamitosa.

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  3. Roberto - Gracias por aportar tu visión. Evidentemente no vi ni la tercera ni la décima parte de Montevideo, y me imagino que como toda gran ciudad tendrá muchos lugares que no me gustaría ver, ni siquiera pasar por ellos. Si ha cambiado en 7 años seguramente no ha sido para mejor (tal como vienen las cosas en esta parte del mundo), pero te pido que consideres esto: si a mí me pareció limpísima una ciudad que vos considerás sucia, imagináte cómo estará Argentina... Al principio de mi crónica dije que era mi visión personal y parcial. Y no es sólo mía; mi novia (Marisa) la comparte. Y eso que ambos somos bastante cínicos. Un abrazo.

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  4. Hola.... Soy peruano, y... ya sabes , la mala fama que tienen mis compatriotas cuando emigran. No me ofendo.. porque soy testigo de como tratan a su propio entorno, o sea mi ciudad, mi país.

    Es verdad las comparaciones son odiosas, pero a veces necesarias. Pero, en cuanto les hago ver la diferencias, mis compatriotas terminan diciéndome: "y por qué mejor no te vas a vivir allá?.

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  5. TODO MUY LINDO, LÁSTIMA TUS COMENTARIOS FACHOS NO? OPINÁ SOBRE EL VIAJE, LOS ANÁLISIS POLÍTICOS DEJALOS A LOS QUE TIENEN SENSIBILIDAD Y SENTIDO DE CAMBIO SOCIAL. GRACIAS

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    1. Milton: como verás este diario de viaje es de hacer tres años y medio. Pero tuve el gusto de visitar Montevideo nuevamente a principios de 2012, otra vez para el carnaval, y podría repetir todo lo que escribí arriba, excepto que Argentina está aún peor que en 2009 (Montevideo está aproximadamente igual). Escribo lo que se me da la gana, nadie me dice qué cosas no puedo escribir o de qué temas no puedo hablar. Eso es facho. Decir que me da asco ver cómo viven familias enteras de la basura no es facho, es constatar la realidad.

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