jueves, 16 de octubre de 2008

Visita a Victoria, Entre Ríos

Llegando al peaje (ByN)
Fin del Puente Rosario–Victoria, llegando a las cabinas de peaje
Con este asunto de la nave extraterrestre Alabama (no descartemos que todavía pueda llegar a verse hoy, aunque lo veo poco probable) no tuve tiempo de hablar de nuestra visita a Victoria, Entre Ríos.

Victoria está a 60 km de Rosario, cruzando el Paraná por el puente y su inmensa llanura de inundación, plagada de arroyitos e islas, por medio de puentecitos y terraplenes. Fuimos en el auto del padre de Marisa; en ómnibus se puede llegar bastante rápido, pero una vez allá caminar es inconveniente. El sábado pasado, además, hacía un calor y una pesadez terribles.

Agotados por la Noche de los Museos, salimos un poco más tarde de lo planeado, y luego de un viaje sin eventos resonantes llegamos a la entrada de Victoria y doblamos a la derecha. Allí nos topamos enseguida con la Oficina de Turismo, abarajamos un mapa de la ciudad, y seguimos viaje para visitar a una amiga y ex compañera de trabajo de Marisa, recientemente mudada allí con su pareja y su conejo.

Plaza San Martín

Tras un rato de mates y de conocer la casa, y ya entrando en un mediodía calcinante, seguimos viaje para conocer la plaza principal de la ciudad, como es costumbre centrada en una estatua ecuestre de José de San Martín, y rodeada por restaurantes y por los edificios de la municipalidad y la iglesia (Nuestra Señora de Aránzazu). La municipalidad estaba, lógicamente, cerrada, pero la iglesia estaba abierta y fresca. Es amplia y, comparado con otras iglesias antiguas que hemos visto, muy luminosa, con amplios vidrios coloreados (no vitrales), con lo cual pude sacar fotos respetables, con un nivel tolerable de ruido.

Nuestra Señora de Aránzazu

Hacía un calor de mil demonios y no había un alma, salvo nosotros dos y uno o dos turistas más, vagando nerviosamente cámara en mano, como cronistas apurados en medio de una ciudad donde ha caído una bomba de neutrones.

Equinos Agotada la vuelta a la plaza, proseguimos hacia el Monte de los Ombúes, que está saliendo de la ciudad hacia el oeste y es una pequeña reserva de los susodichos árboles. Nadie nos avisó que estaba poblada de ganado. En vista de que había toros y vacas con crías, no nos aventuramos al interior, sino que hicimos base bajo un aromo, armamos unos sandwiches y almorzamos a la sombra, espantando mosquitas y admirando a los caballos.

El siguiente destino fue la Abadía del Niño Dios, establecimiento religioso-gastronómico regenteado por monjes benedictinos, que entre canto y canto gregoriano producen una variedad de extractos de hierbas, dulces, licores, quesos y un delicioso etcétera, que evidentemente les rinde un buen beneficio, ya que además de tener la abadía como una pinturita, están construyendo un largo edificio de una planta en la vecindad.

Monjes con presupuesto

Es un lugar apenas apartado, amplio, arbolado y sumamente pacífico. Lamentablemente, en todos lados hay cartelitos que prohíben el paso al visitante, salvo aquél que se encuentre hospedado en la abadía. La visita guiada que esperábamos nunca comenzó, por lo que seguimos viaje luego de aprovisionarnos de regalos y souvenirs tanto comestibles como bebibles.

Volvimos a la zona urbana y nos metimos por una calle diagonal de tierra que nos llevó casi directamente al Museo OVNI (donde supimos lo de la nave extraterrestre). Se trata de una colección de cachivaches y "evidencias" que van de lo absolutamente anodino hasta lo asqueroso (si no quieren perderse el impacto de la sorpresa, no hagan click en el link), todo ello presidido por la directora de Visión OVNI, Silvia Simondini, "investigadora de campo" del fenómeno OVNI y apasionada experta en episodios de mutilación de ganado.

Antes de entrar al museo temía estallar en carcajadas a los cinco minutos; después de un rato escuchando una "conferencia" de la directora, me sentía realmente molesto, oprimido, como un tipo que se ve atrapado en una marcha de protesta vegetariana con una milanesa de carne en el bolsillo. Tenía la clara sensación de que si abría la boca para hacer una pregunta que desafiara apenas suavemente la credulidad de la conferencista y del resto de su audiencia, iban a "descubrirme" y a quemarme atado a una estaca al grito de "¡que arda el escéptico!". Creo que el Museo OVNI fue la parte más entretenida de la visita a Victoria; más adelante hablaré de mis ideas sobre el tema.

Salimos del museo antes de que terminara la "conferencia", porque se hacía tarde y queríamos conocer la costanera. Después de un par de vueltas y de pasar por el casino con el exclusivo fin de ir al baño (personalmente creo que los juegos de azar funcionan como un "impuesto a la estupidez", el único que los contribuyentes pagan con gusto), nos aposentamos a tomar unos mates y comer algo cerca del río.

Se pronosticaba tormenta. El cielo se cubrió y empezó a soplar un viento inclemente. Levantamos, por tanto, campamento, y salimos a las disparadas de Victoria. En el camino vimos las ya omnipresentes columnas de humo sobre el horizonte norte, producto de la quema de pastizales en las islas, que (hay que repetirlo) las autoridades de Victoria y de la provincia de Entre Ríos continúan sin controlar en lo más mínimo, a pesar del inmenso daño ecológico, las molestias sanitarias y el peligro de accidentes viales que conlleva.

Quema

Llegamos a Rosario cansados pero refrescados por el viento que traía la lluvia. Cuando empezó a diluviar ya estábamos plácidamente dormidos.

4 comentarios:

  1. Perhaps you should consider wearing a "NO A LA QUEMA" t-shirt when visiting churches or UFO museums. You can't be too careful around those pyromaniacal entrerrianos!

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  2. AGUUANTEEE VICTORIIA CARAJOO! ES LO MEJJOOR!yo soi de ai

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  3. Victoria es una ciudad muy linda, me hubiera gustado que a la descripcion la hubieras hecho con mas agrado por ejemplo decir que cuando llegaste nadie arrebato tu billetera o alguna pertenencia caracteristica esencial de la ciudad, 100% tranquilidad y armonia que junto con sus 7 colinas (tambien conocida victoria como la roma argentina por ser las dos unicas ciudades en el mundo en poseer 7 colinas) y el monte de los ombues considerado una rareza natural que juntos hacen un ambiente unico con una esencia especial que, con el pasar de los años va aumentando.

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  4. Estimado Anónimo: no pasé suficiente tiempo en la ciudad para apreciarla. Que hiciera mucho calor no ayudó, pero tampoco es culpa de la ciudad y yo no lo dije. Poner el Monte de los Ombúes como lugar turístico me pareció una estafa. Las siete colinas no las vi.

    En Rosario yo no vivo obsesionado por la seguridad como muchos de mis conciudadanos. Es sabido que en ciudades chicas y pueblos hay más seguridad que en una ciudad grande; no voy a felicitar a Victoria por eso.

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